Para el habitante de la ciudad la palabra desierto conjura casi siempre la imagen reproducida en tantas
películas y dibujos animados: un mar ondulante de dunas de arena. Desierto es, además, sinónimo de lo
vacío, lo abandonado, lo desolado, lo inhabitado. Pero basta una sola caminata por el desierto chihuahuense
para darse cuenta de que algunos de los ecosistemas que llamamos desiertos pueden ser tan ricos, variados y sorprendentes como un bosque. En realidad, pese a su nombre, el ecosistema dominante durante siglos en muchas regiones semidesérticas del norte de México fue el pastizal.

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