«En las últimas décadas hemos tenido esa especie de ilusión de que los químicos y las corporaciones son las que alimentan al mundo, pero lo que realmente alimenta el mundo es la tierra, el sol, el agua, la fotosíntesis, los
insectos que polinizan los cultivos, los microorganismos que producen nutrientes. En segundo lugar, somos las mujeres las que nutrimos ese mundo, todavía el 70% de la comida procede de los pequeños agricultores. Eso es la
comida real, porque lo que llamamos comida y compramos en los supermercados es realmente un producto vacío nutricionalmente, tóxico, no es comida, y no está alimentando al mundo».

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