A finales del año 2019 a nivel mundial, la ciudadanía manifestó públicamente su descontento hacia las políticas sociales y económicas predominantes. Países como Haití, Ecuador, Perú, España, Líbano, Chile, Bolivia, Irak, Paraguay, Francia, India, Colombia, tuvieron fuertes protestas sociales. El mundo esperaba un convulso 2020, sin embargo, el primero de enero las prioridades cambiaron para todos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el Equipo de Apoyo a la Gestión de Incidentes en los tres niveles de la organización: la sede, las sedes regionales y los países; así la OMS entró en estado de emergencia para abordar el brote de un nuevo coronavirus que no se logró contener en la provincia de Wuhan – China. Diez días después todos los países tuvieron conocimiento del conjunto de orientaciones técnicas sobre cómo detectar casos, realizar pruebas de laboratorio y gestionar posibles casos y el 11 de marzo la OMS decretó pandemia [1].

Los medios de comunicación del mundo anunciaron el alto nivel de contagio y la letalidad de un virus capaz confinar a la humanidad por largos periodos en sus casas y detener el crecimiento económico mundial, así como traer consecuencias sociales nefastas. Por su parte, los gobiernos y los organismos internacionales mediante medidas económicas, buscaron anticiparse al inicio de la crisis social y económica más difícil de los últimos 100 años. Identificaron que no era posible priorizar la salud por sobre la economía porque el virus no tendría control a mediano plazo.  Así pues, la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer que las implicaciones de la pandemia, a mediano plazo, para los países latinoamericanos son: perdida de 10 años de lucha contra pobreza extrema, exacerbación de la desigualdad, hambre y un alto número de contagios en las poblaciones vulnerables [2].

Pero, ¿qué ha pasado en los países de Latinoamérica? En los meses de marzo y abril Brasil fue uno de los países más afectados del continente después de EE.UU. presentando una rápida propagación del virus entre, sus ciudadanos; Bolsonaro afirmó que priorizaría la economía ante una “gripecita”. En México las cosas no iban mejor, en pleno inicio de pandemia el presidente López Obrador exhortó a su población a salir a restaurantes y seguirse abrazando. Argentina inició el año al borde de la quiebra estatal y las medidas estrictas de la cuarentena ahondaron dicha situación lo cual será un reto para la recuperación económica post pandemia; Uruguay dio un buen manejo mostrando pocos casos de contagio en sus inicios [3]. En Chile son los pobres de los llamados campamentos los que han estado viendo la cara más dura de esta pandemia porque se ha recrudecido su estado vulnerable [4]. Ahora bien, el caso de Venezuela llama la atención al ser la segunda crisis migratoria más grave del mundo después de Siria por lo cual recibió 2.790 millones de dólares en contribuciones de gobiernos y bancos de desarrollo y 653 millones de dólares en donaciones [5]. En Colombia se ha presentado la cifra de desempleo más alta de los último 10 años y poblaciones vulnerable con mayor número de contagios.

La situación regional según el informe conjunto entre la CEPAL y la FAO: “Acciones urgentes contra el hambre: 2020 el año de la pandemia”, muestra que: “La región de Centro América presenta una alta dependencia de importaciones de cereales a los Estados Unidos y alta dependencia de exportaciones agrícolas a EE.UU y Europa”; la subregión Andino-Amazónica tiene limitaciones conectividad geográfica y económicas, así como, una alta proporción de agricultura familiar, campesina e indígena; Chile, Colombia, Uruguay y Argentina son productores de perecederos y tienen alta tendencia a la agricultura a pequeña escala con altos riegos al ser hogares en condiciones de pobreza. Allí, debido a la pandemia, los mercados de exportación se deprimen y millones de personas trabajan enfocados dichos mercados sufren grandes pérdidas [6].

Así pues, la CEPAL afirma que se trata del paso de una crisis sanitaria a una crisis alimentaria debido a la exacerbación de la pobreza extrema; las personas se mueven hacia dietas menos saludables, más baratas y enfrentan problemas de mal nutrición, obesidad y sobrepeso. Asimismo, el informe mostró que en las primeras semanas de la pandemia se perdieron dos décadas de lucha contra la pobreza en Latinoamérica, y pronostica, en el mediano plazo, 215 millones de pobres en la región. En cuanto a los riesgos de disminución en el sistema alimentario: se verán reflejados en los niveles de coordinación intersectorial y público privado, en el nivel de ingreso, en el aumento de la indigencia que implica un alto costo fiscal [6].

En consecuencia, la Comisión propuso medidas como: ingreso básico de emergencia, bonos contra el hambre (transferencias monetarias condicionadas). Y para el sector agropecuario la CEPAL y la FAO en su informe planteó la necesidad de: incrementar en un 20% sobre el promedio de banca multilateral la oferta de créditos blandos, kits básicos de inversión (fertilizantes, semillas y otros) para fincas más rezagadas [6].

Estas medidas asociadas a la recuperación económica, desde la mirada del sociólogo alemán Ulrich Beck, no son más que la explotación comercial de los riesgos, son “big business” y necesidades insaciables que buscan los economistas [7]. La gravedad de lo anterior reside en que: en medio de una crisis los riesgos son generados por el desarrollo productivo, Por lo tanto se da un aumento en las situaciones de peligro [8]. Es decir, no se resuelven las causas estructurales y estas se convierten en un excelente negocio en el cual pierden los mismos de siempre: las poblaciones vulnerables. Beck considera que estas medidas se dan cuando la racionalidad técnica se ha alejado de la racionalidad social que maquilla realidades para hacerlas permanecer y obtienen ganancias de los riegos proyectados. Por lo tanto, los problemas estructurales como baja productividad, altos niveles de exclusión, baja confianza en los gobiernos, altos niveles de desigualdad permanecerán. Entonces, más que una crítica es un llamado a estudiar la ética que contienen estas decisiones y medidas, y, que desde nuestras micro acciones persigamos cambios estructurales para Latinoamérica.

[1]OMS, 2020. “COVID-19: cronología de la actuación de la OMS”. Disponible en: https://www.who.int/es/news/item/27-04-2020-who-timeline—covid-19

[3]DW, 2020. “América Latina: el coronavirus desnuda a los líderes populistas”. Disponible en: https://www.dw.com/es/am%C3%A9rica-latina-el-coronavirus-desnuda-a-los-l%C3%ADderes-populistas/a-53661969

[4]DW, 2020. “Chile en la crisis de COVID-19: ¿Por qué un país modelo parece hundirse en el caos?” Disponible en: https://www.dw.com/es/chile-en-la-crisis-de-covid-19-por-qu%C3%A9-un-pa%C3%ADs-modelo-parece-hundirse-en-el-caos/a-53577659

[5] INFOBAE, 2020. “Donantes recaudan más de 3.000 millones de dólares para refugiados venezolanos en medio de COVID-19”. Disponible en: https://www.infobae.com/america/agencias/2020/05/26/donantes-recaudan-mas-de-3000-millones-de-dolares-para-refugiados-venezolanos-en-medio-de-covid-19-3/

[6] YOUTUBE, 2020. “Informe FAO-CEPAL. Cómo evitar que la crisis del COVID-19 se transforme en una crisis alimentaria”. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=NWoGm27leT4&t=4832s&ab_channel=Comisi%C3%B3nEcon%C3%B3micaparaAm%C3%A9ricaLatinayelCaribe%28CEPAL%29

[7] Korstanje, Maximiliano (2010). Reseña de “La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad” de Beck, Ulrich. Economía, Sociedad y Territorio”, X(32),275-281.[fecha de Consulta 7 de Octubre de 2020]. ISSN: 1405-8421. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=111/11112509011

[8] Ulrich Beck, (1986). “La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad”. Editorial Paidós.